Me gustaría que pensaras, por un momento, en todas esas veces en que te has acercado a ese lugar, al que yo llamaré nuestro precipicio, que solo conoce nuestro interior, sin forma, sin explicación y en muchos casos sin sentido para el resto de las personas, donde dejaste de pisar suelo firme, para llegar a un punto donde todo era nuevo, donde no sabías que te ibas a encontrar tras ese paso al que algunos llaman vida.
Ante cambios de trabajo, conocer nuevas personas, situaciones inesperadas, ante tantas cosas…….. Llegamos a un punto que nos cuesta atravesar, donde tenemos que emplear en muchos casos nuestra fuerza interior para seguir pasando o………. en muchos casos, para volvernos atrás, sin arriesgarnos ante algo que no sabemos si merece la pena notar esa sensación de vértigo que nos embriaga, ante lo que no podemos controlar y que no depende solo de nosotros, sino de todo lo que nos rodea.
Nos acercamos con cautela, sigilosamente, ante ese límite, manteniendo siempre un pie sobre suelo rocoso, guardando la ropa por si hay que volver rápidamente a lo ya vivido.
A veces lo haremos solos, otras acompañados, todo dependerá de la página que nos toque vivir. Iremos asomando la cabeza, la atracción de lo nuevo nos esta llamando, el magnetismo de lo que creíamos perdido: posición social, el amor, el poder, la amistad, ….; nos provocará un deseo de seguir mirando, intentando ver que hay tras ese velo de oscuridad, sintiendo la necesidad de mejorar nuestro viaje en este mundo de vivos.
Llegará un momento donde nos encontraremos ante una encrucijada. Ya solo estamos sujetos con un suspiro a lo conocido, hemos percibido que podemos ganar con el riesgo, pero todavía no conocemos que podemos perder ……… y seguramente nunca lo sabremos si no lo hacemos. En este punto no vale lo que nos digan de otros que lo hayan hecho o vivido antes, porque cada persona es un mundo y cada situación y cada tiempo lo hacen diferente, y el que tiene que ser el guerrero eres tú mismo.
Si decides desprenderte, dejarte caer, durante un tiempo volarás sin saber si volverás a suelo conocido ni cuando pararás, y quizás nunca sabrás si valió la pena, o quizás hayas dado un paso, que en vez de ser un precipicio haya sido una simple molestia, en tu senda para llegar a tu meta.
No te diré que saltes conmigo o sin mí, solo te diré que a mí si que me valió la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario