Bueno chicos, ya ha llegado la hora de contaros mi excesivamente corto viaje de 2 semanas a Brasil, tierra de samba, de fútbol, de playas y de garotas impresionantes. En cualquier caso, creo que lo mejor es ir contándoos mi viaje poco a poco mientras voy acompañando el texto de alguna que otra imagen (en este primer borrador todavía no habrá fotos). Y para que os orientéis cuando ponga cifras y precios, la moneda en Brasil es el Real (R$) y el cambio con respecto al € está 1€ - R$2,6.
Capítulo 1 – El viaje y el primer fin de semana en São Paulo
Todo empezó la madrugada de un jueves 17 de enero (bueno, eran las 7 de la mañana, pero para mí eso siempre ha sido madrugada), cuando cogí mi maletón lleno de ropa que no sabía si iba a usar o no y lo metí en el coche…de mi padre, que para algo el buen hombre se ofreció a llevarme al aeropuerto :) El caso es que todo en orden, llegamos bien al aeropuerto, con las 2 horas de antelación de rigor, facturamos y se largó (que el buen hombre tenía cosas que hacer), quedándome yo bien contento con mi asiento 23A, ventanilla y más o menos centradito, aunque con el resquemor de que el vuelo tenía un cierto retraso… En fin, cuando llegó la hora de embarcar, me fui derechito a mi asiento y descubrí que el tan agradecido 23A no era tan buen asiento pues daba la casualidad que era el asiento que quedaba justo delante del baño, lo que se traduce en una imposibilidad parcial de reclinar el asiento (se podía un poco, pero como si no se pudiera…) y en escuchar constantemente la cadena de los demonios.
En fin, después de un tortuoso vuelo de 11 horas en el que vi “El ultimátum de Bourne”, “Diario de una niñera” y, 3 veces, “Ratatouille”, llegamos finalmente a São Paulo. Allí, tras las puertas de la recogida de equipajes, se encontraba Ivi, mi mejor amiga, mi hermanita, mi otrora gran amor convertido ahora en una amistad inquebrantable más allá del tiempo y del espacio (6 años y medio sin vernos separados por la inmensidad del océano Atlántico). Huelga decir que nos fundimos en un abrazo de esos de película, en el que uno y otro salen corriendo hacia el otro con una sonrisa que da la vuelta a la cabeza en la cara, en el que arrollas cualquier cosa/persona que se encuentre en el camino y en el que el tiempo parece detenerse mientras quedas en los brazos de esa persona. Un abrazo que pudo durar apenas unos segundos para el resto de las personas allí presentes, pero que fue una eternidad para ambos. Además, la pobrecita no sabía que el vuelo tenía retraso y, como en São Paulo el tráfico es ligerito, había ido con tiempo de sobra por si acaso, por lo que tuvo que esperar en el aeropuerto de Guarulhos (el que está ubicado en las afueras, en el Nordeste) cerca de 4 horas.
Luego, nos pusimos rumbo a su casa, que queda en el barrio de Saúde, en el Sur de São Paulo. Cerca de una hora de trayecto en coche, un Fiat Uno 1.0 (el allí llamado coche popular por ser el más barato costando unos R$ 18.000) que más básico no podía ser pues, por no tener, no tenía ni reloj ni tacómetro, para llegar hasta allí, aunque dada la hora (aproximadamente las 9 de la noche hora paulista) aprovechamos para hacer una parada en un “restaurante” (así se llamaba, pero era más tasca italiana que otra cosa) que nos indicó su madre, que en ese momento estaba regresando a casa también, y cenar algo con ella. Después de ponernos un poco al día e intercambiar algunos recuerdos, fuimos a la casa, donde se encontraba Moana, su hermanita pequeña (20 añitos la condenada). Estuvimos varias horas hablando y contándonos cosas, tanto unos como otros, hasta que finalmente mi cuerpo desistió y me fui a la cama. (en la fotode derecha a izquierda: Moana, Ivi y yo)
Al día siguiente (viernes 18), Ivi tenía que trabajar, por lo que yo me quedé durmiendo y viendo la tele hasta que llegó con la comida, a eso de las 3. Comimos y nos fuimos a conocer a sus amigas: Idalina y Ju Muçarela (en realidad es Mezzalira, pero como es blanquita y es un apellido difícil, le llaman como al queso), que eran las que estaban en la “casa de las meninas”, así llamada porque es una casa donde viven 4 estudiantes (chicas todas ellas) en la zona de las universidades (a ese tipo de casas se les llama “Repúblicas” allí). (en la foto, en el sentido de las agujas del reloj y empezando desde las 12, Ivi, yo, Idalina y Ju Muçarela).
Estuvimos un rato con ellas en su casa y nos fuimos a las Rosas de Ouro (http://www.sociedaderosasdeouro.com), que es una escuela de samba muy famosa en la ciudad, aunque algo apartada del centro y de acceso un tanto complicado; o eso, o que Ivi no sabía manejarse muy bien por esa zona, porque dimos varias vueltas (incluidos sendos giros en U que nos dejaban en el mismo punto de partida xD) y llegamos al sitio de pura casualidad siguiendo a otro coche que “tenía pinta de ir allí”. Aparcamos frente a una casita que nos indicó una señora que, aparentemente, vivía ahí y vigilaba el coche para que no lo robaran, y nos fuimos a coger las entradas (R$15 por persona) para ver (y participar) en el ensayo de la escuela. Después, como quedaba tiempo para que empezara, nos fuimos a unos puestecitos que había en la calle de cosas variadas: comidas rápidas varias, bebidas, etc. Yo me tomé una “calabresa com pão” (choripan para los entendidos) y fuimos a coger unas rubias (aquí fue donde comenzó mi romance con ellas), dando lugar a una de las mejores anécdotas del viaje. Resulta que vamos a comprar unas cervecitas y bueno, casi que mejor reproduzco la conversación entre Ivi y el chico:
- ¿A cuánto están las latas?
- Una por R$3, dos por R$5 y tres por R$10. (Curiosa cuenta…)
- ¿Y no me puedes dejar 4 por R$10?
- No, por R$10 te puedo dar 3.
- Pero si te compro dos por R$5 y luego otras dos por R$5, sería como comprarte 4 por R$10, ¿no?
- Eso será en tu matemática, en la mía no.
Flipante lo de este tío y claro, otro que había al lado y que escuchó la conversación nos insistía en que él sí que nos daba 4 por R$10, pero como Ivi se había obstinado ante la respuesta del primer individuo, dijo que ya no quería cerveza. En cualquier caso, os vais haciendo a la idea del precio tan caro que tienen las cervezas allí (y esto era a la puerta de un sitio en el que todo el mundo quería beber y los vendedores estaban aprovechándose de ello). En fin, que una vez nos recuperamos del shock, entramos en el local y bueno, no hay fotos de las mozas porque no había manera de sacarlas de tan lleno que estaba (apenas pude sacar algunas con las chicas), pero si vierais como movían las caderas y las cinturas esas tías, sólo de imaginar lo que podrían hacer se os descoyuntaba la vuestra…y encima estaban de toma pan y moja las muy condenadas. Vamos, que no sé cómo lo hacen los brasileños para pensar en otra cosa que no sea esa… (digo yo que estarán acostumbrados y no les parecerá raro, pobrecitos ellos…) Pero bueno, lo que es la samba está genial, es súper divertido de bailar (nada que ver con las estrecheces de bailes españoles como el flamenco o el chotis…) y la música es buena también, una batucada como Dios manda no tiene precio. Después de un rato en el que Ju estuvo enseñándome un poco cómo se baila eso de la samba y de descubrir que no se me deba tan mal (incluso menos mal que a alguno de los brasileños allí presentes), Ivi e Idalina se fueron al baño y, como os imaginaréis, fue casi imposible volver a encontrarnos, por lo que Ju y yo decidimos meternos en el grupo de la samba. Resulta que allí, en los ensayos, la batería baja donde está todo el mundo y comienza a dar vueltas en un recorrido cuadrangular, siendo seguida por las dos personas que marcan el baile a la gente, las cuales son seguidas por el resto del populacho…populacho entre el que nos encontrábamos Ju y yo en un alarde de ritmo y coordinación en el que no desentonaba más que los que tenía a mi lado. Finalmente, tras dar como 4 ó 5 vueltas al local, nos encontramos con Ivi e Idalina, dando la noche por cerrada por estar muertos de calor, de cansancio, de sudor, de pies doloridos y, sobre todo, sin blanca para seguir comprando cerveza.
El sábado 19 por la mañana, Ivi, Moana y yo fuimos al supermercado a hacer la compra para el churrasco con el que celebró Ivi su cumpleaños. En total, unos 20kg de carne variada (salchichas, chorizos, filetes de ternera, costillas, cuartos traseros y corazones de pollo, etc.) y algo de ensalada, además de 24 latas de cerveza. Es tradición que cada quien lleve algo de comer y algo de beber, pero como no podíamos saber a qué hora iba a comenzar a llegar la gente, decidimos que nosotros poníamos la comida y un poquito de bebida y que el resto del mundo trajera exclusivamente bebida. En fin, como a eso de las 2 de la tarde nos pusimos a preparar cositas en la “sala de churrascos” que tienen en el edificio de Ivi, que es como las salas de fiestas de los edificios tradicionales de aquí, pero con una cocina con barbacoa incluida, con sus fogones, su nevera y su congelador disponibles (impresionantemente bien montado que está todo) y, ¡hasta una televisión con cable y radiocasete! En cualquier caso, estábamos Ju, Ida, Ivi, Moana y yo preparando ensaladas, salsas y demás cosas mientras poníamos las primeras carnes y nos bebíamos las primeras cervezas, así un buen rato hasta que empezó a llegar la gente alrededor de las 5 de la tarde. Primero llegó Marcelo (el novio de Moana) con su hermano, un par de judíos brasileños que se fueron hace cosa de 12 años de mochileros por Europa sin casi dinero (incluso conocieron “Las Cuevas” en Madrid y se acordaban de ello) y terminaron siendo expulsados de Suecia por excederse en el tiempo de su estancia permitida y no tener dinero para volver, razón por la que nunca podrán volver ahí al ser repatriados forzosamente. Después llegaron algunos amigos y amigas de Ivi de su época colegial (con los que apenas crucé un saludo y se fueron a un rinconcito a fumar de la cachimba). Después llegaron más amigos de Ivi de la universidad, Diogo y Vanessa, Dennis y Rebecca (curioso, Dennis es el ex de Ivi y Rebecca una de sus mejores amigas), Rubens (que no es el novio de Ivi, si no el chico con el que queda frecuentemente para liarse y con el que habla unas 3 veces al día por teléfono), Ju Arouca (otra Ju más), Amanda (una amiga de la infancia de Ivi que lleva unos 7 años viviendo en Australia) y alguna que otra persona que ahora mismo no recuerdo, entre otras porque para cuando fueron llegando los últimos ya tenía un lío de nombres de proporciones considerables en mi cabeza y unos centilitros de sangre recorriendo mi cerveza…En cualquier caso, desde las 2 de la tarde hasta las 2 de la mañana, lo que hubo fue mucha cerveza, mucha carne, muchas caipirinhas (de fresa, de kiwi, de limón, de melón, etc.), mucha música, mucha charla, mucho bailoteo y muchas coñas…entre medias, mi primera gran ocasión de mojar tirada por el retrete.
Era ya bastante tarde, cerca de las 10 de la noche. Estaba sentado al lado de Amanda, Marcelo, Diogo y Dennis. Los chicos estaban tocando forrõ (“for all”, un tipo de música para todos los públicos xD) con una guitarra, una pandereta y una flauta travesera mientras Ivi, Moana y más gente bailaban al ritmo que ellos marcaban. Mientras tanto, Amanda, que llevaba un pedal del 15, empezó a hablarme, pero yo no le entendía apenas (entre SU pedal, MI pedal, la música al lado y que apenas llevaba 2 días aclimatando el oído) y le pedía que si me podía repetir lo que decía, pero cuando le miré la cara y vi la sonrisa que tenía, que me cogía la mano y todo eso, fue cuando me di cuenta del tema…Entonces empecé a decirle que porqué no me lo decía más cerca, que si ella me enseñaba yo entendería y chorradas así acercándome cada vez más a ella…¡hasta que le dio por levantarse e ir a hablar con Ivi! En fin, que ahí se me cayó el alma a los pies. Al poco, ella se fue a dormir porque todo le daba vueltas (muy borracha tenía que ir para haberme tirado los trastos así) y la gente también fue diluyéndose hasta que quedamos solamente Ivi, Moana, Marcelo, Diogo, Vanessa, Ju Arouca, Ju Muçarela, Idalina y yo en pie, recogiendo todo como machotes a las 2 de la mañana.
Cuando ya estaba todo recogido y subimos al piso de Ivi, nos encontramos con que Diogo dormía en una cama, Amanda en otra, la madre de Ivi en un colchón en el suelo del salón (lo suele hacer porque es el único lugar de la casa donde hay tele, no os alarméis) e Ivi estaba que se caía de borracha, pero tanto las dos Ju como Idalina y yo andábamos con ganas de fiesta, por lo que, tal y como estábamos, nos fuimos a una discoteca del centro de São Paulo llamada “Armazem da Vila”, lugar de la mejor anécdota del viaje. Cuando llegamos a un aparcamiento cercano, los vigilantes del mismo se percataron de que yo iba vestido con bermudas (por debajo de la rodilla, pero bermudas al fin y al cabo) y nos avisaron de que no nos dejarían entrar, pero amparadas en el hecho de que yo era europeo mis nuevas amigas creyeron que no habría problema alguno. El caso es que llegamos al sitio y nos disponemos a entrar cuando los de la puerta empiezan a decir que así no me podían dejar pasar, que les daba igual que fuera europeo, que fuera verano y demás pamplinas. Después de mucho insistirles las chicas, no dieron su brazo a torcer, por lo que decidimos que, a grandes males, grandes remedios. Dicho y hecho, a 3 metros de la puerta y en medio de la calle, si hubierais estado por ahí esa madrugada del 19 al 20 de enero, habríais visto a un tío (yo) y una tía (Ju Arouca) quedarse en ropa interior y cambiarse mutuamente los pantalones, poniéndose, él unos pantalones vaqueros de tía híper ajustados (y teniendo la tía en cuestión una talla 36 como mucho) que le quedaban por encima del tobillo y que debía llevar abiertos para que el tiro no quedara por las rodillas y ella unos bermudas cargo (que eran de una talla 40) en los que entraban 2 como ella de cintura y que casi le llegaban a los tobillos (recordemos que eran bermudas xD).
En fin, un cuadro único y digno de recordar, pero que sirvió para continuar la fiesta pues nos dejaron entrar sin más problema que el de tener a un gorila rondándonos el resto de la velada bajo la amenaza de que si nos cambiábamos dentro, nos echaban del local. Pero bueno, a todo esto se le unió otro tinte de gracia y es que a la vez que entrábamos nosotros, entraban también tres chicos locales y jovencitos (apenas rondaban los 19 añitos) y claro, alucinaban en technicolor y se pusieron a hablar con nosotros, mucho más interesados en mi y en lo loco que estaba el español poniéndose unos vaqueros de tía que en lo buenas que estaban mis amigas. Pero bueno, dentro nos esperaba el exnovio de Ju Arouca, un tío medio simpático aunque algo pesado y reacio a las indirectas y a las directas que Ju le mandaba. De todas maneras, entre los 3 chavales y el pesado, nos salieron gratis TODAS las copas y no fueron pocas. Los primeros porque seguían en estado de shock y me ofrecían caipirinha tras caipirinha (aunque en este local sólo le ponían cachaça, sin frutas ni nada, y azúcar, por lo que no era gran cosa), y el segundo porque le invitaba a copas a Ju, copas que ella, muy amablemente, hacía circular entre nosotros. Y mientras tanto, yo estaba pendiente de la otra Ju (Muçarela) mientras que la que estaba pendiente de mi era Idalina. Y lo peor es que yo me daba cuenta, pero con quien quería liarme era con Ju y, gilipollas de mi, pensaba que si le abría la puerta a una, se la cerraba a la otra…En fin, que segunda ocasión de la noche desperdiciada y yo, con un culito impresionante que me hacía el vaquero femenino (muchas miradas se centraron en mí y no eran sólo de incredulidad, alguna de lujuria también había ^^), me quedaba compuesto y sin acción. Y es que, para estas cosas, tiene que haber un manual. ¡Coño!
En cualquier caso, la historia no termina aquí pues, cuando volvíamos a casa de Ivi, Ju Arouca vio una casa que tenía una especie de pórticos con globos y le pareció que sería una idea genial llevarle a Ivi alguno para celebrar su cumpleaños (que era el día 20), por lo que dio un frenazo en seco, echó marcha atrás en medio de un cruce y giró para que paráramos a coger el pórtico de globos. Vosotros imaginaos 4 personas en un Corsa intentando meter una ristra de globos de 3 metros de largo y emprender la marcha nuevamente...Obviamente, no pudo ser, tuvimos que conformarnos con una ristra de sólo 1 metro. Cuando llegamos a casa de Ivi nos encontramos con que tan solo quedaba una cama libre, aunque por lo menos era matrimonial, así que decidimos dormir los 4 en la misma cama puestos de forma que 2 durmieran con la cabeza en el cabecero y los otros dos en sentido inverso, además de intercalados, quedando con un mínimo de comodidad.
Al día siguiente y tras contar las historias de la noche anterior a todos los presentes y dejarles boquiabiertos y atónitos, nos fuimos a casa de las meninas a continuar con el churrasco del día anterior, pues había sobrado comida y bebida (aunque de esto mucho menos, apenas unas 24 latas de cerveza). Una vez allí, pocas cosas que contar. Más cerveza, más comida y muchas partidas de cartas (Truco concretamente, aunque intenté enseñarles a jugar al mus xD). (en la foto, de izquierda a derecha, Vanessa, Ju Muçarela, Ivi, Moana y yo).
Y con esto finaliza el relato de mi primer fin de semana en São Paulo. Puede que suba alguna otra foto más adelante, pero no contéis con ello.
3 comentarios:
"ya tenía un lío de nombres de proporciones considerables en mi cabeza y unos centilitros de sangre recorriendo mi cerveza…"
Joder, como tiene que molar eso de tener un poco de sangre en el cuerpo y tanta cerveza :P
molllllllllllaaaaaaaaa el relato!!!
Sigue piraín !
espero ansiosa el capítulo 2, espero que no nos hagas esperar mucho :)
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