lunes, 18 de febrero de 2008

Brasil - Capítulo 2

Capítulo 2 – Días tranquilos en São Paulo y el viaje a Rio (primera parte)

Bueno, después de ese primer fin de semana de lujuria (aunque no plasmada en la realidad) y desenfreno, se dio paso a un par de días más tranquilos de los que tampoco tengo mucho que contar.

El lunes por la mañana, mientras Ivi y Moana se iban a trabajar, yo me quedé durmiendo (recuperando alguna hora de sueño del fin de semana) hasta que no aguanté más tirado en la cama y me fui al puf a ver un rato la tele. Por la tarde fuimos a un centro comercial cercano a ver si me compraba alguna cosilla de verano pues apenas me había llevado alguna camiseta y un bañador, en cualquier caso iba con la idea de comprar algo allí pues Ivi me había dicho que era baratísimo y doy fe de que tenía razón. Después de eso, me llevó a probar el pão de queijo, que es un panecillo de queso (como su nombre indica) que está demasiado bueno…Para que os hagáis a la idea, desde ese día no hubo un solo día de mi estancia en Brasil que no me tomara por lo menos uno. Y tras el paseo por el centro comercial (uno de los dos más pequeños de São Paulo y ya era más grande que la mayoría de España) y el pão de queijo con su correspondiente zumo de maracuyá, volvimos a casa, estuvimos un buen rato charlando, cenamos y a la camita, a seguir hablando (yo dormía en la litera de arriba e Ivi en la de abajo).

Al día siguiente, se repitió la rutina mañanera, pero un poco más corta puesto que como a la 1 de la tarde habíamos quedado con Moana y Rubens en ir a comer pastel a una feria que estaba al lado de casa de Ivi. Y cuando digo pastel no me refiero al pastel en el que todos estáis pensando, si no en un “plato” típico brasileño; y cuando digo feria, tampoco es la típica feria, si no un minimercadillo de comida con puestos en los que, además de vender alimentos, puedes comer; y cuando digo plato, tampoco es que sea un plato per se, si no lo que podéis ver en una de las fotos (http://www.facebook.com/photo.php?pid=895110&l=9dfd1&id=706911000). Es una especie de empanada rellena de casi lo que quieras (pollo, quesos, camarones, carne, verduras…) que van preparando ahí mismo en el puestecillo en la calle en unas freidoras inmensas. El caso es que estaban buenísimas y apenas costaban $R3.5, un regalo. Y bueno, como tampoco era cuestión de estar a palo seco, compramos un par de botellas de caldo de caña para acompañar la comida. Un auténtico manjar callejero que, si podéis probar alguna vez, no podéis dejarlo pasar. Después del atracón (porque llenan los condenados pasteles) nos fuimos a otro centro comercial que hay en la Avenida Paulista porque quería comprar un par de vaqueros y me dijo Ivi que ahí eran buenos y baratos (es donde compraba ella). Nos encontramos con Amanda (la borracha que se me echó al cuello) y fuimos a la tienda de la que hablaba Ivi. Era pequeñita como ella sola, apenas unos 20 metros cuadrados, pero no veáis que dependientas…Jóvenes, pequeñitas, monas y súper simpáticas, tanto que casi entraban al probador contigo (lástima que no lo hicieran xD) para ver si te sentaba bien la ropa, si te estaba cómoda, etc. En fin, que después de un buen rato más pendiente de ellas que de los vaqueros, de contarles de mi viaje, cosas de España, etc. al final me compré un par y nos fuimos a tomar algo por ahí, pero no nos pudieron acompañar las dependientas L El caso es que nos fuimos a una especie de irlandés que había más o menos cerca del centro comercial y nos estuvimos Ivi, Moana y yo (Amanda se tuvo que ir a hacer la maleta porque al día siguiente se iba a Australia) un buen par de horitas tomando chopps de cerveza a palo seco por la falta de dinero (que era barato, pero no llevábamos casi nada xD). Habría que enseñarle al resto del mundo la buena costumbre que tenemos los españoles de acompañar las cervezas con algo de picar…

Tras esos dos días de calma y tranquilidad, llegó el miércoles 23 de enero, día en que nos marchábamos a Rio de Janeiro previo paso por la oficina. Después de un rato en el que Ivi andaba ocupada con alguna cosilla de trabajo y yo me entretenía en el ordenador, comimos y cogimos carretera. El día anterior Ivi me había mostrado la gasolinera donde solía parar a repostar antes de salir de viaje. El caso es que tras un rato de cháchara en el coche, veo como la pasamos de largo y se me ocurre mirar el indicador de la gasolina para descubrir que apenas le quedaban un par de litros antes de entrar en la reserva…y ya estábamos en la autopista, una autopista nuevecita nuevecita en la que apenas ha dado tiempo a poner alguna gasolinera cada muchos kilómetros, y claro, le pregunto a Ivi “¿dónde vamos a parar a repostar?”, a lo que me responde con un inocente “Donde te enseñé ayer”…Y claro, yo a cuadros. Cuando le digo que si no lo hemos pasado ya, se da cuenta del percal, pero según me dijo, no había manera de dar la vuelta, así que tendríamos que fiarnos de encontrar alguna gasolinera en el camino. Después de rodar más de 10 kilómetros con la reserva, finalmente encontramos un puesto de carretera, con su restaurante, su tiendecilla y su gasolinera. Menos mal, porque yo ya estaba al borde de un ataque de pánico a tener que ir por esas carreteras caminando en busca de una gasolinera fantasma…Que no es que tenga miedo por mi seguridad, es que ya me pasó una vez con mi hermana y mi cuñado en Madrid y no me gusta nada la sensación de buscar sin saber si voy a encontrar.

Pero bueno, después de ese pequeño trance, el resto del viaje fue como la seda, 5 horas de caminos preciosos, rodeados permanentemente de vegetación y paisajes espectaculares, hasta llegar a Rio de Janeiro cuando ya se estaba haciendo tarde. Además, estaba bastante nublado, por lo que las vistas no eran todo lo bonitas que podrían ser al estar ocultos totalmente el Cristo y parcialmente el Pão de Açúcar. Después de pasar por las bahías de Botafogo y Flamengo (¿a que os suenan estos nombres?), llegamos finalmente a casa de la abuela de Ivi, una señora de unos 85 años que vive con una de las hijas en una casa ubicada en uno de los mejores sitios de Rio (http://maps.google.com/maps?f=q&hl=en&geocode=&q=Rua+s%C3%A1+ferreira+204&sll=-22.981824,-43.194852&sspn=0.007023,0.010042&ie=UTF8&ll=-22.983049,-43.19129&spn=0.056181,0.080338&z=14&iwloc=addr). Como podéis ver, las playas de Ipanema (al Sur ) y de Copacabana (al Este) están equidistantes a 5 minutos a pie de la casa, aunque como curiosidad y si os fijáis bien, justo al Norte (en la acera de enfrente y señalado como una calle gris) se encuentran las escaleras que llevan a la Favela Morro do Cantagalo. Curiosamente, las relaciones de las favelas con sus vecinos del otro lado de la calle son ejemplares, nunca hay problemas y se llevan muy bien. De hecho, parece que lo único peligroso de las favelas es entrar sin ser de ahí, pero los alrededores no son para nada peligrosos (salvo que el alrededor en cuestión sea una zona de encuentro entre dos favelas que tengan sus rencillas). Es más, se está promoviendo el alojamiento de turistas en las favelas bajo la tutela de la propia gente de las favelas, que les hacen de guías turísticos por Rio y les cuidan como si fueran alguien de la familia, sin duda una iniciativa muy positiva para la gente de las favelas, aunque todavía en proceso de experimentación. Pero bueno, volviendo al viaje en sí, después de descargar el coche nos fuimos a dar un paseo por Copacabana, la playa más famosa del mundo junto a Ipanema. Podéis ver algunas fotos aquí: http://www.facebook.com/album.php?aid=39255&l=95201&id=706911000. De la 18 a la 22 corresponden a Copacabana, pudiendo verse una de las esculturas en arena que había (impresionantes los colores), el famosísimo Copacabana Palace (frente al que se hacen los conciertos como el Rock in Rio, de hecho, es curioso puesto que cuando hay conciertos se instala una pasarela que cruza la calle por encima y que va directamente desde la habitación de los artistas al escenario) y el fuerte militar que hay sobre el espigón y que hoy sirve de lugar para hacer ferias. Bueno, después del paseo por la playa volvimos a casa, a tirarnos en el sofá a hablar un rato con la tía de Ivi (increíble lo de esta señora, una trekkie en toda regla con sus tatuajes de Star Trek, su habitación llena de pósters y maquetas y, cómo no, la serie completa en DVD) antes de irnos a dormir.

A la mañana siguiente nos despertamos bastante pronto con la intención de ir al Pão de Açúcar cuando todavía no hubiera demasiada gente. Aparte de lo clásico de la postal de Rio con el Cristo y el Pão de Açúcar, el sitio es espectacular, pero aún mejor es lo que me contaba Ivi. Las fotos del álbum que se corresponden con este momento son las que van de la 23 a la 28. En primer lugar, he de contar que la zona en la que se asienta el Pão de Açúcar es una zona puramente militar (con sus cuarteles y sus residencias) conocida como Praia Vermelha por la playa junto a la que está ubicada. De ahí sale el teleférico con destino al Morro da Urca, que es el monte más pequeñito que se ve siempre junto al Pão de Açúcar. En su cima y en ocasiones especiales (como el año nuevo por ejemplo) tienen lugar fiestas y conciertos de distinto tipo, aunque normalmente son grupos o solistas brasileños los que tocan ahí. Tiene un anfiteatro en el que se hacen los conciertos y un par de “salas” habilitadas para bailar y relajarse (foto 27). Sin duda, tiene que ser espectacular acudir a una de estas fiestas o conciertos en un lugar así. En fin, desde el Morro da Urca sale un segundo teleférico que, esta vez sí, te lleva hasta el Pão de Açúcar (fotos 23 y 24). Desde ahí las vistas son impresionantes y la posibilidad de tomarte una cervecita con ese fondo es un auténtico privilegio. Normalmente y con un cielo despejado, la vista del Cristo es única también, pero desgraciadamente no tuvimos esas condiciones, así que tuvimos que conformarnos con verlo entre las nubes. Después de relajarnos un rato con las cervecitas, de deleitarnos con el paisaje (ante nuestros pies quedaban Copacabana (fotos 25 y 26), Praia Vermelha, Cara de Cão (que es donde vive Roberto Carlos), Flamengo y Botafogo) y de seguir dale que te pego a la sinhueso, descendimos nuevamente hasta Praia Vermelha, donde cogimos un caminito que iba pegado a la orilla del mar (que no playa) rodeado de una vegetación selvática híper exuberante para dar un paseíllo (foto 28).

Después de la excursión nos fuimos a pasar el resto de la mañana y parte de la tarde a Ipanema (fotos 29, 30 y 31), playa en la que se encuentran todos los brasileños de la zona, lo que contrasta con Copacabana, que es donde están todos los turistas. Al margen de la diferencia de especímenes, la playa es espectacular, arena blanca, fina y, sobre todo, limpia, impoluta. Es una gozada eso de ir por una playa y no encontrarte colillas ni latas por el suelo. Y bueno, otra cosa curiosa es que en Ipanema, en los puestos 6 y 7, es donde se concentra la mayor parte de la población gay de Rio…y si la gente de Rio ya de por si se dedica al culto al cuerpo, al deporte (no he visto más espacios para hacer deporte gratis en mi vida) y a la salud, no os podéis ni imaginar lo que son los gays…En cualquier caso, nosotros fuimos a esparcirnos cerca del puesto 9, una zona tranquila, pero con gente, por lo que no estábamos marginados. Cogimos nuestra sombrilla, nuestro coco y a tomar el sol…De vez en cuando pasaban los típicos muchachos con sus neveras de camping llenas de bebidas variadas (cervezas a $R2 y zumos naturales a $R1), otros con cocos, otros con chucherías y los últimos con unas empanaditas espectaculares por la friolera de $R0.50. Y eso en una de las dos playas más turísticas de todo Brasil…Desde luego, todo un lujazo, y así nos estuvimos hasta las 6 y media aproximadamente (y todo sea dicho, a pesar de que estuviera nublado, tostándonos de lo lindo). Pero después de darnos unos cuantos remojones, de ver a unos guiris pidiéndoles a una banda musical que les tocaran alguna canción del Ché, de mirar con ojos lujuriosos a todos los culos preciosos que paseaban por ahí, de mirar con envidia a la gente de los hoteles que se ponía en manos de esas masajistas en la misma playa, de seguir hablando de mil cosas con Ivi, de ponernos ciegos de zumos naturales, empanadas, agua de coco y cervezas, después de todo eso, nos fuimos a casa a quitarnos la arena, dejar las cosas de playa y poner rumbo a Maracaná para ver un partido del Campeonato Carioca (torneos de pretemporada regionales), más concretamente, un Flamengo vs Cardoso Moreira. El ambiente, para ser un partido entre un equipo venido a menos y un tercera división, era bastante majo, los ultras no dejaron de hacer ruido en todo el partido y el grupo de samba igual. Además, ver un partido en un estadio así es una de las obligaciones de todo amante del fútbol (siempre que se tenga la ocasión, claro, lo que es pecado es dejarla pasar), un estadio enorme, pero en el que se ve perfectamente el terreno de juego desde cualquier parte (a diferencia de estadios como el Bernabéu, donde no se ve nada a partir del segundo anfiteatro), en un ambiente estupendo y viendo un fútbol bastante más espectacular que el europeo. Además (y ahora me acuerdo del post de Neskatxo con respecto al viejo marcador de la Catedral), cada 2 minutos tenías al chico con las chucherías, los perritos calientes, las cervezas, etc… pasando a tu lado. Una cosa que me pareció estupenda es que ellos pasan y te dan un vaso, te sirven la cerveza y se llevan la lata, así se impide que la gente la tire al campo y pueda hacer daño a nadie J Pero bueno, después de unas cuantas cervezas (yo diría que unas 12 entre los dos) y de ver 6 goles, nos fuimos a casa contentos de verdad, aunque reventados después de un largo día y con muchas cosas que hacer por delante.

En la próxima entrega, seguiremos con más aventuras de Rio.

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